Historias y Cuentos

Stories and tales written by Boulder Spanish Community Members.

Razones para aprender español ¡baile, baile!

Hace cuatro años, le dije adiós y rompí con un hombre que me llamó nombres terribles dos semanas antes de un viaje con su familia a Alaska. Había estado temerosa de este viaje– era lo contrario de mi tipo de viaje, con un plan en cada momento. No había espacio en el itinerario para visitar a mi amiga Shauna, y cuando le dije que iba a ver a mi amiga, fue el principio del fin para nosotros. 

Llamé a Shauna para decirle que no vendría a Alaska, y hablamos de lo agradable que sería estar sentadas juntas en la playa bebiendo piñas coladas. La siguiente semana mi crédito de vuelos me compró un vuelo a Cuba, y Shauna se reunió conmigo en Denver antes de viajar juntas a la Habana. Dos semanas más tarde estábamos sentadas en una playa bebiendo esas piñas coladas. 

Esto fue antes de empezar las clases de español, pero tuve algo de práctica a través de mi trabajo con niños cuyos padres hablaban español. Hablé pobremente cuando ordenaba comida, cuando di direcciones al taxista con mi mal español mientras Shauna me apoyaba. En el tercer día, estábamos listas para un examen de nuestras habilidades en la lengua–las lecciones de salsa. El profesor dio direcciones en español e inglés y traté de no parecer como si tuviera dos pies izquierdos. “Delante, detrás…”

Delante, detrás, delante, detrás, ¡No olviden sus caderas! Shauna y yo nos reímos durante nuestra lección mientras veíamos como los australianos de al lado bailaban salsa perfectamente, inclusive dieron varias vueltas. Nuestros profesores eran muy pacientes y simpáticos. Probablemente estaban acostumbrados a los turistas americanos que eran rígidos y torpes. 

“¡Practiquen, practiquen!” nuestros instructores nos recordaban. Volvimos a nuestra casita en la ciudad y practicamos hasta que estuvimos tan acaloradas y cansadas que no podíamos hacer nada más. Nuestra amable abuelita anfitriona nos animaba a practicar español, y cada día que nos quedó en nuestro viaje nos empezamos a enamorar de los ruidos de las calles en las tardes– la música y la risa se mezclaban con los ruidos de los coches y de las personas ocupadas-y practicamos nuestro baile de salsa. 

Escrito por Courtney E.

Four years ago, I said goodbye and hung up on a man that called me terrible names two weeks before a trip with his family to Alaska. I had been somewhat dreading this trip– it was the opposite of how I liked to travel, with every moment planned out. There wasn’t room in the itinerary for me to see my friend Shauna, and me telling him I would see her on this trip was the beginning of the end for us. 

I called Shauna to tell her I wouldn’t be coming to Alaska after all, and we talked about how  nice it would be to be sitting on a beach drinking a pina colada together. The next week, my flight credit bought a flight to Cuba, and Shauna made plans to meet me in Denver before traveling together to Havana. Two weeks later we were sitting on a beach drinking that pina colada. 

This was before I started taking Spanish classes, but I had some practice using Spanish through my work with kids whose parents spoke primarily Spanish. I somewhat poorly ordered food, gave directions in taxis with broken Spanish while Shauna supported me. By day three, we were ready for a test of our language skills: salsa lessons. The teacher gave directions in Spanish and English and I tried not to look like I had two left feet. “Delante, detrás…” 

Front, back, front, back, don’t forget the hips! Shauna and I laughed at ourselves through our lesson as the Australians next to us perfectly danced the salsa, even adding in several spins. Our instructors were kind and patient, probably used to the stiff and uncoordinated American tourists. 

“Practice, practice!” our teachers reminded us. We went back to our little casita in the city and practiced until we were too hot and tired to do more. Our sweet abuelita of a host encouraged our Spanish practice and every day remaining in that trip we found ourselves loving the sounds of the streets in the early evenings– music and laughter mixed with the sounds of cars and busy people– and practiced our salsa. Delante, detrás… 

Written by Courtney E.